Una semana solidaria por excelencia.

La última semana de Cuaresma es una oportunidad para dar vida a los otros, para pedirle al Señor que resucite todo aquello que, por el motivo que sea, está muerto o lo parece. Una semana solidaria por excelencia, de servicio por la vida y la esperanza de tantos.

Quizás esta semana se adelante y se solape con la tercera. Pensemos en acciones que, sin poner en riesgo la vida de los otros, les ayuden a sobrellevar del mejor modo posible estos días de no salir de casa y de vivir de modo excepcional todo cuanto nos toque vivir.

Los adultos, estemos atentos a las personas de nuestro vecindario y entorno cercano que necesiten que alguien les vaya a comprar algo, ir a la farmacia a por sus medicamentos o incluso ayudarles con las gestiones médicas si así lo necesitasen.

Los jóvenes y los más pequeños, fabriquemos pequeños detalles para la gente de nuestro edificio, que todo el mundo se encuentre en su buzón o en la puerta de casa un motivo para dar gracias por la vida, que dibuje una sonrisa en medio de este tiempo un poco tristón y apagado.

Pongamos vida donde todo el mundo no hace más que recordar que hay peligro, miedo, confinamiento, epidemia, enfermedades, colapso y pánico sin control.